Mateo le sostuvo la mirada, y en sus ojos negros había un fuego que la quemaba. No era rabia, no era arrogancia. Era deseo. Era necesidad. Era algo más profundo, algo que ella no se atrevía a nombrar. Sin decir una palabra, le tomó ambas manos y la guió hacia atrás, paso a paso, hasta que la espalda de Victoria chocó contra la pared. El impacto fue suave, pero suficiente para que ella sintiera que el mundo se reducía a él. A su cuerpo. A su aliento. A sus ojos oscuros que la devoraban.Victoria sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. La pared era fría contra su espalda, pero el calor de Mateo, tan cerca, era como un incendio. Podía sentir su pecho contra el suyo, el latido de su corazón, el temblor de sus manos. Y una parte de ella, la que aún conservaba algo de cordura, le gritaba que se apartara, que huyera, que no se dejara llevar.—¿Por qué eres tan cruel? —susurró él, con la voz ronca, cargada de algo que no era rabia, sino dolor—. ¿Por qué me ilusionas y luego me trat
Última actualización : 2026-09-29 Leer más