Victoria no pudo dormir. Ni un minuto. Ni un segundo.Después de que Mateo salió de la habitación, se quedó allí, en la cama que aún olía a él, con el cuerpo tibio por sus caricias y el corazón hecho pedazos. Se cubrió con las sábanas hasta el cuello, pero no pudo escapar de su olor. Ese olor a madera cara, a lluvia, a hombre, que se había impregnado en su piel, en su cabello, en cada célula de su ser. Era un olor que la envolvía, que la atrapaba, que le recordaba cada segundo de lo que habían hecho.Pero no era solo el arrepentimiento lo que la atormentaba. Era el deseo. El deseo que aún ardía en su interior, que no se apagaba, que le susurraba que quería más. Que quería que él estuviera allí, a su lado, abrazándola. Que quería sentir sus brazos rodeándola, su respiración en su nuca, su corazón latiendo contra su espalda.—No —se dijo, con rabia—. No puedes. No debes. Esto no significa nada. Solo fue sexo. Solo fue para calmar las ganas.Y era verdad. Eso era lo que se había dicho a
Última actualización : 2026-09-22 Leer más