La casa era un caos organizado. Maletas abiertas sobre la cama, ropa doblada con prisa, zapatos alineados en el suelo, y Leo corriendo de un lado a otro como un pequeño torbellino de emoción. No podía dejar de saltar, de reír, de preguntar una y otra vez si ya era hora de irse. Para él, aquel viaje era una aventura, la primera gran aventura con sus padres juntos.—Mamá, ¿crees que en Suiza nieva? —preguntó Leo, con los ojos brillantes—. ¿Podré hacer un muñeco de nieve? ¿Y tirarme en trineo?Victoria forzó una sonrisa mientras doblaba una camisa, sintiendo que el corazón le pesaba. No quería ir. No quería volver a ese lugar donde había sido humillada, donde había sido maltratada, donde había estado a punto de perder a su hijo. Pero miró a Leo, tan feliz, tan ilusionado, y supo que no podía romperle la ilusión.—Claro que sí, mi amor —respondió, con voz suave—. Pero tienes que portarte bien en el avión.—¡Siempre me porto bien! —dijo Leo, saltando sobre la cama—. ¿Verdad, papá?Mateo, q
Última actualización : 2026-09-09 Leer más