¿No quería preguntarle nada? ¿Acaso no sentía ni un poco de celos?Nicolás sintió un pánico inexplicable.Dejó el vaso de agua a un lado y luego le tomó la mano.—Elisa, si te sientes mal por algo, tienes que decírmelo.Elisa sonrió y cambió de tema al responder:—Mañana tengo que ir a la fábrica, así que no podré cuidarte esta noche. Le pediré a Doña Teresa que venga.Nicolás se quedó pasmado.La última vez que él tuvo apendicitis aguda, Elisa entró al hospital llorando de desesperación, se encargó de cuidarlo personalmente y no paraba de regañarlo por su salud, sin descansar un solo instante.Ahora, en cambio, le decía con total frialdad que se iría.Nicolás tuvo el presentimiento de que estaba a punto de perder algo.De pronto, se escuchó la voz de Noa desde afuera de la habitación.—Nicolás.Noa, con el brazo vendado, estaba de pie en la entrada y lo miraba con el rostro lleno de preocupación.Al ver la escena, Elisa se levantó, tomó su bolso y se marchó.Nicolás quiso decirle algo
続きを読む