Ambos se pusieron de pie al terminar la cena. Mientras subían los majestuosos escalones de la escalera imperial, Jenny no pudo contener su orgullo de diecinueve años y comenzó a desafiarlo. —No tienes postre, Maximilian. Te quedarás con las ganas por castigo, ya que me dijiste en mi cara que no te gustó mi comida. —Estaba horrible —sentenció Max con su habitual parsimonia letal, sin detener el paso. —Pero te la devoraste completa. Maximilian soltó una risa ronca y, antes de que ella pudiera reaccionar, la cargó en vilo a mitad de las escaleras. La llevó en brazos con una facilidad pasmosa hacia la recámara principal del piso superior. —Abre la puerta, mi princesa —ordenó Max con esa voz densa que le erizaba la piel. —No lo haré, porque yo no soy el postre de nadie —desafió Jenny, cruzándose de brazos. —Ya lo veremos. Dando un empujón seco con el pie, Max abrió la puerta doble del santuario, la cerró con llave tras de sí y la llevó directo hacia la inmensa cama de sábanas negras
Last Updated : 2026-08-01 Read more