A diferencia de César y Maximilian, Dorian vivía en un departamento en el último piso, dentro de esa exclusiva zona VIP que dominaba la ciudad desde las alturas. Desde que había llegado a Rumanía, Talia no había pisado ese lugar; pero ahora, tras el caos que los había obligado a reencontrarse, comenzaba a convivir con él bajo el mismo techo. Al caer la noche, Dorian abrió la puerta y se encontró con Talia sentada en la sala. Su silueta recortada en la penumbra hizo que se le detuviera el pulso. Apenas lo vio, ella se puso de pie, con la guardia en alto. —¿En dónde dormiré, Dorian? —preguntó ella a la defensiva—. Solo tienes dos camas: en una están los trillizos, y yo no pienso dormir en el sofá. Dorian se acercó a paso firme, marcando el territorio con una voz demandante y profunda, de esas que no admiten réplica: —Dormirás conmigo, Talia. —¡Yo no pienso dormir contigo después de todo lo que sucedió entre nosotros, Dorian! ¡A mí me vas a dar mi divorcio y listo! Si vine aquí fue p
Última actualización : 2026-08-08 Leer más