—Qué bien hueles... —continúa, pasando los dedos por mi brazo y mi espalda hasta apoyar una mano en mi cintura, una mano que quema como el hierro y deja marcas invisibles.—Estás buenísima... —dice, deteniéndose a mi lado, tan cerca que puedo sentir su aliento, con aquel asqueroso olor a alcohol y sudor.—Con permiso. Déjeme ir —pido de nuevo, esta vez con la voz más temblorosa, mientras el miedo me oprime el pecho como un torno.—¿Irte? Acabas de llegar... ¿Qué hacías en la casa del «santito» que se corrompió? Un drogadicto fuera de control —pregunta, mirando mis pechos, que quedan un poco expuestos por el discreto escote, con una mirada que me hace querer desaparecer, borrarme de la faz de la tierra.—No es asunto tuyo, joder —respondo irritada, aunque siento un frío en el estómago, un hielo que se extiende por mi cuerpo.La rabia es más fuerte que el miedo, al menos por ahora, una llama en la oscuridad.—Mirad, chicos, la gatita sabe arañar... —dice, agarrándome la cara y apretándo
最終更新日 : 2026-10-15 続きを読む