No entendía qué me estaba pasando. Estaba casada y, aun así, ya fantaseaba con otro hombre… Me mordí el labio. Sabía que estaba mal pensar así, pero no podía controlarme.Las ideas que me rondaban se volvían cada vez más locas, y mi cuerpo, ya de por sí hambriento de contacto, se sentía más vacío que nunca.Ya en la cama, junté las piernas y me acaricié torpemente durante un buen rato, hasta que me venció el sueño.A la mañana siguiente le di muchas vueltas, pero al acordarme de la visita domiciliaria de ese día, terminé poniéndome a propósito un traje sastre corto, entallado y muy provocativo.—¿No vas a trabajar? ¿Para qué te vistes así?A Ramsés no le gustó verme vestida así. Me miró desconfiado. Eso me hizo sentir culpable, aunque no entendía bien por qué.—Hoy hay un evento en la escuela, así que tengo que arreglarme un poco más.—Ah…Mentí sin mucha convicción, pero Ramsés me creyó y no insistió. Me dio una alegría secreta, mezclada con culpa. Y en el fondo, la visita comenzaba a
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