Elena dobló la última camiseta de Marco y la guardó en la mochila de viaje. Habían pasado setenta y dos horas desde la noche en que su vida con Adrián se fracturó. Durante esos tres días, la casa de piedra se había convertido en un espacio enorme y extraño. Mateo le había informado, mediante un mensaje breve, que Adrián estaba durmiendo en un hotel del pueblo. No había regresado ni una sola vez.A sus espaldas, una risa infantil inundó la sala. Julián entró cargando a Marco en brazos, haciéndole cosquillas en el estómago mientras el niño de quince meses balbuceaba palabras incomprensibles. Chiara observaba la escena desde su corral, dando golpecitos contra la malla de contención.Elena cerró la cremallera de la mochila y caminó hacia la cocina. Julián la siguió. Acomodó a Marco en la silla de comer, tomó una toallita húmeda del paquete sobre la encimera y se dedicó a limpiarle las manos con una paciencia que, meses atrás, Elena habría jurado imposible en él.Durante esos tres días, Ju
Última actualización : 2026-09-08 Leer más