—Ya eres puro hueso —espetó Liam—. ¿Y todavía pretendes seguir a dieta?Por un tonto segundo, el tono de preocupación en su voz me tomó por sorpresa. Luego, esbocé una sonrisa fingida.—A Evan le gusto más delgada.Evan era el hombre que la señora Margaret había buscado para mí hace ocho años, el mismo que me ayudó a montar la farsa de la infidelidad. Después de que Liam se fuera del país consumido por la rabia, jamás volví a ver a Evan.En el instante en que Liam escuchó ese nombre, su rostro se volvió de hielo.Vanessa, sentada a su lado, de inmediato me dedicó una sonrisa ensayada.—Claire, no lo malinterpretes. Liam ahora es médico; le molesta muchísimo ver que la gente atente contra su salud solo para perder peso. Cuando estábamos en el extranjero, yo intenté ponerme a dieta más de una vez y él me regañaba siempre. —Mientras hablaba, se giró hacia Liam con una mirada rebosante de afecto—. ¿Verdad, Liam?Pero él ni siquiera la miró. Se puso de pie bruscamente, empujando su silla ha
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