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Capítulo 4

مؤلف: Mónica Herrera
Esta salida me había cobrado casi las últimas fuerzas que me quedaban. Después de esto, era muy probable que jamás volviera a tener la energía necesaria para salir de casa. Por fortuna, a la una de la tarde, Liam por fin llamó para avisar que estaban abajo.

Mi madre estaba furiosa. Me tomó mucho tiempo tranquilizarla hasta que logró recuperar una expresión neutral.

En cuanto subí al auto, Vanessa se giró hacia mí con una sonrisita tímida y maliciosa.

—Lo siento, Claire. Es que Liam se dejó llevar un poco anoche. Esta mañana simplemente no podía levantarme de la cama.

Mi mano se apretó ligeramente contra la tela de mi abrigo.

Liam plegó mi silla de ruedas, la guardó en la cajuela y luego subió al asiento del conductor. A través del espejo retrovisor, me lanzó una sola mirada.

—¿Por qué le das tantas explicaciones? —reprochó él con frialdad.

Giré el rostro hacia la ventana y le hice un ademán tranquilo a mi madre para despedirme.

Liam conducía a toda velocidad. El auto se sacudía de tal manera que sentí náuseas y creí que iba a vomitar, pero me tragué el malestar en silencio.

Aquello me recordó el año en que él sacó su licencia de conducir. En ese entonces, solía pedirle prestado el auto a su padre para llevarme a pasear. Como sabía que yo me mareaba con facilidad, siempre manejaba con extrema precaución; disminuía la velocidad antes de cada curva y frenaba con tanta suavidad que apenas se sentía. Yo solía marearme en los taxis y en los autobuses. Pero jamás en el auto de Liam.

De pronto, Liam pisó el freno a fondo.

Mi cuerpo no resistió el impacto. Choqué con fuerza contra el respaldo del asiento delantero y el estómago se me retorció violentamente. Un débil quejido escapó de mis labios antes de que pudiera contenerlo. Al escucharlo, él soltó una burla.

—Claire, no pensarás que voy a seguir cuidándote como lo hacía hace ocho años, ¿verdad? Eso de evitar los frenazos, las curvas cerradas y las paradas repentinas se acabó.

Me limpié una lágrima traicionera del rabillo del ojo y respondí en un susurro:

—No. A quien debes cuidar ahora es a Vanessa. Ella es tu novia.

Liam soltó otra carcajada helada.

—Tienes razón.

Acto seguido, pisó el acelerador a fondo. Mi espalda se estrelló de nuevo contra el asiento. Un dolor agudo me recorrió la columna, tan intenso que me robó el aliento.

Aun así, sonreí. Que me odiara estaba bien. Al menos, mientras siguiera con vida, una parte de mí todavía le importaba lo suficiente como para despertar su odio.

No tardamos mucho en llegar al restaurante. Al bajarnos, Liam me cargó para sacarme del auto. En el instante en que volví a estar entre sus brazos, estuve a punto de perder el control de mis emociones. Por un breve segundo, pude percibir su aroma familiar, esa mezcla de jabón limpio y aire invernal. Mis dedos se encogieron contra la palma de mi mano, pero no me atreví a tocarlo.

Liam me llevó a toda prisa y me sentó con la misma rapidez en la silla de ruedas. Y es que, en cuanto me soltó, se giró hacia Vanessa y le pidió toallitas húmedas. Luego, se frotó las manos con brusquedad.

Vanessa me dedicó una sonrisa incómoda de reojo.

—Lo siento, Claire. Liam es un obsesivo de la limpieza. Si cualquier otra mujer que no sea yo lo toca, se siente incómodo.

Bajé la cabeza y apreté los labios, fingiendo que no había visto lo que él hizo ni escuchado lo que ella acababa de decir.

Después, dejé que Liam y Vanessa me empujaran hacia el interior del restaurante, caminando del brazo justo detrás de mí.

Tan pronto como nos sentamos, Liam tomó el menú y ordenó varios platillos pesados y muy picantes. Al escuchar al mesero repetir la orden, bajé la mirada en silencio.

A mí nunca me había gustado el picante; me caía mal. A Liam tampoco. Así que era evidente para quién estaba ordenando.

No quise complicarme la vida. En mi estado actual, incluso la comida común y corriente me resultaba difícil de pasar. No había forma de que mi cuerpo tolerara algo tan pesado o condimentado. Por ello, le pedí al mesero que me añadiera una sopa de verduras sencilla.

Por alguna razón, Liam perdió los estribos de repente.

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