ANMELDENLiam bajó la mirada hacia el largo rastro de sangre que Vanessa había dejado al arrastrarse por el suelo.—Está bien —dijo él—. Te dejaré ir.Después de eso, acompañó a Vanessa al juzgado. Liam absorbió toda la deuda él solo y permitió que ella se marchara. Esa fue la última pizca de piedad que le quedaba en el alma.A partir de entonces, su vida terminó de desmoronarse por completo. Se pasaba los días bebiendo en casa. Margaret comenzó a suplicarle día tras día, rogándole que dejara de destruirse de esa manera. En cada ocasión, Liam solo la miraba con una calma espeluznante.—¿No es esto exactamente lo que querías? Un buen hijo que permanezca bajo tu control para siempre. —Esbozó una leve sonrisa—. Mírame. Ahora soy tan obediente. Me quedaré contigo. Me quedaré a tu lado hasta que nos maten a golpes juntos.Al final, Margaret se llenó de terror. Lloró. Súplicó. Le rogó que la dejara ir.Pero Liam solo la contempló y le cuestionó con frialdad:—¿De qué sirve llorar? Cuando Claire llora
—Todo es culpa de Claire —continuó Margaret—. Si no hubiera seducido a Liam en aquel entonces, él jamás se habría dejado engañar de esa manera. Menos mal que le dio cáncer. Todo lo que tuve que hacer fue mentirle, decirle que pensara en el futuro de Liam, y ella terminó con él por iniciativa propia.»Tú también fuiste inteligente. Supiste cómo contactarme. Así fue como me las arreglé para enviarle a Liam la invitación de boda de Claire a tiempo. De lo contrario, ¿cómo habría aceptado casarse contigo? No te preocupes. Liam es mi hijo; lo conozco mejor que nadie. En cuanto vuelva a casa, échame la culpa de todo a mí. Luego, llórale un poco recordándole al bebé que llevas en el vientre. Te prometo que se calmará y llevará una vida recta a tu lado.»En cuanto a Claire, ya está muerta, así que no tiene caso guardar rencores. Pero debo decir que lo hiciste bien. En aquel entonces, solo te di un par de indirectas y te sugerí que sembraras la discordia entre Claire y Liam. Jamás me imaginé que
Pero incluso si él hubiera preguntado, era muy probable que Claire no le hubiera dicho nada. Ella siempre había parecido suave y frágil por fuera, pero una vez que tomaba una decisión, nada la hacía cambiar de parecer.Era exactamente igual a lo que ocurrió durante los exámenes parciales en el penúltimo año de la preparatoria. En aquel entonces, a Claire le dolía tanto el estómago que apenas podía levantarse de la cama; pero como no quería que Liam se perdiera su examen por su culpa, fingió que estaba perfectamente y asistió a la escuela de todos modos. Incluso se obligó a caminar a su lado para acompañarlo hasta la puerta de su salón. Solo después de asegurarse de que él había entrado, ella se desplomó inconsciente en el pasillo.El recuerdo golpeó a Liam como una hoja afilada retorciéndose bajo sus costillas.De inmediato, apareció otra escena en su mente. El restaurante. La silla de ruedas. El momento exacto en que la había arrojado al suelo.Durante los últimos días, no se había at
La noche anterior a la boda, Liam intentó comunicarse con Claire una última vez. Sus dedos temblaban sobre la pantalla. Pero Claire no solo había bloqueado su número; también había bloqueado sus mensajes de texto.¿Tanto le importaba su prometido? ¿Al punto de ni siquiera estar dispuesta a mantener una amistad con él? Quizá aquello fuera lo mejor. Al menos, ahora podría rendirse de manera definitiva. Podría casarse con Vanessa como correspondía y hacer todo lo posible por ser un buen padre.El día de la boda, todo transcurrió como en una neblina. La música, los votos, los invitados sonrientes, la mano de Vanessa entre las suyas. Durante toda la ceremonia, Liam no dejó de buscar a Claire entre la multitud. Claire jamás apareció. Tampoco su madre. Cuando vio que los asientos reservados para la familia Winters habían sido ocupados por otros parientes y amigos, un dolor sordo y constante se instaló bajo sus costillas.Finalmente, la ceremonia concluyó y llegó el momento de recorrer las mes
Liam no sabía por qué, pero la mirada de Claire no se le salía de la cabeza. Aquella última mirada. Amor, dolor y una despedida definitiva, todo enredado en una sola expresión. Cada vez que la recordaba, un pánico irracional lo asaltaba. Incluso cuando el médico le aseguró que el bebé de Vanessa estaba fuera de peligro, no sintió el menor alivio.En cuanto Vanessa se quedó dormida, él salió al pasillo del hospital y llamó a Claire. Una vez. Y otra más. Ninguna respuesta.Su relación con Vanessa había comenzado por un accidente. Ella había sido su compañera de los primeros años en el programa de medicina en el extranjero. Durante ocho años, lo había buscado abiertamente, con terquedad y sin un ápice de vergüenza. No fue sino hasta el sexto año que Vanessa emborrachó a Liam a propósito y se vistió para asemejarse a Claire. Solo entonces él se acostó con ella.Después, cuando Liam descubrió lo que en realidad había sucedido, le pidió disculpas a Vanessa, pero también le aclaró firmemente
—Perdí el control y le di una bofetada —sollozó Vanessa—. Entonces ella se enfureció y me empujó. Tú sabes que estoy embarazada. Sabes que soy frágil, que no puedo soportar ni la más mínima caída.Me quedé congelada en mi sitio, mirándola. Mis labios se movieron varias veces antes de que finalmente lograra articular palabra:—Liam, escúchame. Eso no fue lo que pasó. De verdad, yo no hice eso.Pero Liam estalló.—¡Claire! ¿Cómo puedes ser tan despiadada? —Sus ojos estaban enrojecidos por la furia—. Hace ocho años me engañaste sin un ápice de vergüenza. Ahora, ocho años después, justo cuando estoy a punto de casarme, ¿decides que me quieres de vuelta y atacas a mi prometida?Él dio un paso hacia mí.—Te atreviste a ponerle una mano encima a mi mujer, ¿no es así? Pues hoy vas a descubrir qué se siente cuando se meten con lo mío.Con esas palabras, pateó mi silla de ruedas con saña. Una vez. Dos veces. Una y otra vez. Luego, aferró los mangos y la empujó hacia atrás con una fuerza brutal.







