Gael la contempló en silencio. Siempre que Rebeca lloraba, él se sentía peor que una escoria. Quería acercarse, tocar su hombro y ofrecer un consuelo sincero, pero recordaba bien que ella se irritaba cada vez que él intentaba aproximarse de más. En el pasado, una situación penosa fue el detonante que los obligó a dar el paso para dejar de ser dos extraños. Él la vio a través del cristal del auto. Rebeca lloraba en la solitaria parada del autobús; tenía la cara agachada y una postura abatida. En ese instante, Gael no pudo evitar el impulso de salir del vehículo para alcanzarla. Se sentó a su lado en la banca. Ella, al notar su presencia cercana, apartó el rostro hacia la dirección opuesta. Gael no supo qué hacer para no incomodarla. Tal vez lo más sensato era dar media vuelta e irse a su casa, pero cuando lo intentó, sus pies parecían clavados al suelo sin remedio. —¿Necesitas ayuda en algo? —preguntó al fin, tras tragarse la vergüenza. —E-estoy bien, gracias por preguntar
Última actualización : 2026-09-22 Leer más