Rebeca terminó de abrochar la pijama limpia de Regina con delicadeza. La niña, todavía con los ojos hinchados por el llanto, buscó de inmediato la mano de su padre y se pegó a su costado. Gael se acomodó a la altura de la cama, le apartó los finos mechones de cabello del rostro y le sostuvo la mirada con una serenidad paciente. —Ya pasó, princesa. Ahora dime, ¿qué fue lo que ocurrió? —preguntó él en un susurro grave, sin ápice de juicio. Regina bajó la cabeza, tímida, y apretó con fuerza los dedos de su papá. —Es que... me dieron ganas de ir al baño —dijo la pequeña con la voz quebrada—. Solo quise ir yo sola, como siempre. Rebeca guardó silencio desde el otro lado de la cama, atenta a cada palabra de su hija. —Avancé un poco hacia la puerta, pero me sentí mareada —continuó la niña, mientras un sollozo corto le sacudió el pecho al recordar la escena—. Cerré los ojos y, cuando los abrí, ya estaba en el suelo. Quise ponerme de pie, pero sentí que mis piernas no me hacían caso… y
Última actualización : 2026-09-11 Leer más