Las pesadas puertas de roble de la casona se cerraron, ahogando el destello de las luces policiales. El interior de la finca en Monteclaro olía a cera antigua, leña y a la tensión palpable de cuatro personas a punto de estallar.Arturo Montenegro estaba de pie junto a la gran chimenea del salón principal. A pesar de la hora, llevaba un chaleco de traje impecable, aunque las sombras bajo sus ojos delataban el cansancio. Al ver entrar a Dante, su expresión se endureció.—Papá, estás a salvo —Isabella se adelantó, rompiendo el hielo para abrazar a su padre—. Julián nos explicó la situación afuera.—Por el momento, hija —respondió Arturo, devolviéndole el abrazo antes de clavar su mirada en el CEO de Sterling—. Has traído a un lobo a mi casa, Isabella. Y los lobos siempre atraen a los buitres. Salvador Valcázar jamás habría tocado mis viñedos si no te hubieras casado con él.Dante no se inmutó. Se quedó de pie en el umbral del salón, sus ojos de plata destilando una frialdad calculadora.
Última actualización : 2026-08-27 Leer más