El beso no fue una disculpa. Fue una conquista absoluta.Dante devoró la boca de Isabella con una urgencia salvaje, hambrienta, como si el oxígeno de la habitación dependiera de ella. Sus manos, aún heladas por la tormenta y rasposas por el viaje, se hundieron en el cabello de su esposa, inmovilizándola contra la pared de la suite.Isabella ahogó un gemido que se perdió en la garganta de él. La temperatura de su cuerpo se disparó, quemando la última capa de la Reina de Hielo. El olor a lluvia, a cuero mojado y a la sangre seca en la sien de Dante era un cóctel primitivo que le nubló la razón.Agarró las pesadas solapas del abrigo empapado de él y tiró con fuerza, desesperada por sentir su calor. Dante captó el mensaje al instante. Se apartó apenas un milímetro, con la respiración ronca y el pecho subiendo y bajando erráticamente. Sus ojos de plata, normalmente fríos y calculadores, ahora eran puro fuego líquido.—Mía —gruñó él, con una voz tan profunda que le vibró en el pecho—. Que l
Última actualización : 2026-08-27 Leer más