Las noches de pasión eran divinas, exquisitas, placenteras y no las cambiaría por nada. Hasta que llegaba la mañana y sentía como si una locomotora me hubiera pasado por encima. Los estragos post sexo era real, pero no lo cambiaría. Sentía mi cuerpo pesado, marcado, ardiendo. En especial mi zona íntima. Estaba enredada en las sábanas, con el brazo de Maximilian en mi espalda, impidiéndome moverme. Su mejilla estaba contra la almohada, su rostro en mi dirección, sus ojos cerrados y su respiración profunda, tranquila. Estaba dormido. Por un momento, solo lo observé. Su cabello negro estaba revuelto, su rostro relajado, sus labios entreabiertos. Parecía en paz, como si el peso del mundo no existiera. Mis dedos acariciaron suavemente su mandíbula perfectamente afeitada, sintiendo el calor de su piel bajo mis yemas. La noche anterior estaba tan fresca en mi mente que no pude evitar sonreír. Cada caricia, cada beso, cada palabra susurrada en la oscuridad. Había sido perfecto. Había
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-08 Mehr lesen