Milena se sentó en la hierba del jardín del condominio, con la espalda apoyada en la base de un árbol antiguo. Ella disfrutaba del sol de la tarde. En el cochecito doble frente a ella, Vallentina y Dominic estaban acostados boca arriba, con los ojitos bien abiertos fijos en el cielo. Las nubes pasaban lentas, blancas y esponjosas, y los dos bebés parecían hipnotizados. De vez en cuando, se escapaba un gorgoteo, seguido de una risita burbujeante que hacía que el corazón de Milena se apretara de ternura. Los bebés habían cumplido seis meses esa semana. Parecía que había sido ayer cuando los sostenía por primera vez, minúsculos, frágiles, conectados a máquinas que pitaban sin parar. Hoy estaban rechonchos, con mejillas que daban ganas de morder, piernitas gruesas pateando el aire de pura energía contenida. Dentro del apartamento, Lívia y la niñera cuidaban de Mason y Leon, que habían mamado y se habían quedado profundamente dormidos en la siesta de la tarde. Ella se inclinó sobre el
Dernière mise à jour : 2026-09-06 Read More