La escena en general me causó gracia y no pude evitar soltar una carcajada. El diablillo, todavía lloroso, me sorprendió con la sonrisa en la boca, frunció el ceño con furia y me dedicó, desde lo más profundo de su pequeño corazón resentido, una poderosa y vulgar sacada de lengua. Cristian, perplejo, estalló en risas y me señaló con el dedo en tono de burla. A mí, movido por una indignación absolutamente absurda, no se me ocurrió mejor idea que devolverle la gentileza al niño con un corte de mangas aún más grosero. Asegurándome, por supuesto, de que su madre no me viera.—Y luego resulta que el inmaduro soy yo… —masculló Cristian, negando con la cabeza, muy serio, mientras observaba cómo el pequeñajo se alejaba de la mano de su madre, sin dar crédito todavía a lo que acababa de presenciar.Volví a reírme con ganas, como un idiota. Me sentí como si tuviera diez años otra vez, en mis épocas de rebelde empedernido, cuando ni mis propios padres lograban controlarme. Me vi reflejado en ese
Última atualização : 2026-08-14 Ler mais