En Los Ángeles, la tensión acumulada tras la reacción de Fernando había dejado a la familia al borde del colapso. Fernandito caminaba de un lado a otro por la cafetería del hospital, sosteniendo un vaso de café helado que ni siquiera había probado. La imagen de su padre gritando de rabia y la palidez de su madre llorando en el pasillo lo tenían completamente abrumado. En ese momento, su teléfono celular comenzó a sonar. Al ver el nombre de Ana Victoria en la pantalla, sintió que un frío intenso le recorría la columna. Respiró hondo tres veces, tratando de articular la voz para no sonar alterado, y presionó el botón de contestar. —¿Hola, hermanita? —saludó Fernandito, intentando fingir normalidad. —Fernandito, por fin contestas —dijo Ana Victoria desde el campus de Nueva York, mientras caminaba despacio tras haberse despedido de Diego—. Hablé con mamá hace un rato, pero no me dejó tranquila. Dime la verdad, ¿cómo está mi papá? Sé que algo pasa, no me lo niegues a mí también. —Ana V
Última actualización : 2026-09-21 Leer más