Las puertas de la habitación del hospital se abrieron suavemente. Ana Victoria se detuvo un segundo en el umbral, conteniendo el aliento. Al ver a su padre recostado contra las almohadas, cansado, pálido y con la mirada fija en el vacío de la ventana, el corazón se le oprimió con una fuerza destructiva. Fernando escuchó los pasos y volvió la cara despacio. Al reconocer a su hija, la sorpresa le borró por un instante la mueca de amargura que llevaba horas dibujada en el rostro. —¿Ana Victoria...? —murmuró él con la voz quebrada—. ¿Qué... qué haces aquí, mi vida? La joven no respondió con palabras. Cruzó la habitación a paso firme, dejando caer su bolso al suelo, y se lanzó hacia la cama para envolver a su padre en un abrazo firme, lleno de un amor desesperado. Se aferró a sus hombros cuidando de no lastimarlo, dejando que un par de lágrimas silenciosas humedecieran la bata del hospital. Fernando se congeló unos segundos antes de corresponder el abrazo, apretando los ojos con pe
Última actualización : 2026-09-22 Leer más