El sol comenzaba a despuntar entre los rascacielos de Nueva York, pero dentro del hospital la luz tenue mantenía la misma atmósfera helada. Ana Victoria continuaba sentada junto a la cama de Diego, sosteniéndole la mano con delicadeza mientras miraba el subir y bajar constante de su pecho. Su teléfono celular vibró sobre la mesa de noche, rompiendo el silencio del cuarto. Al ver la pantalla, apretó los labios. Era su madre, Victoria. Para no hacer ruido dentro de la habitación de cuidados intensivos, Ana Victoria soltó la mano de Diego con lentitud, caminó hacia la puerta y salió al pasillo despejado antes de contestar. —¿Mamá? —dijo en un hilo de voz cansada. —¡Ana Victoria! Por fin me respondes, hijita —exclamó Victoria al otro lado de la línea, con un tono lleno de alivio y angustia contenida—. Llevo horas intentando comunicarme contigo. Vi la hora en Nueva York y sé que allá ya es de mañana, pero te estuve llamando anoche y nada. Tuve un mal presentimiento todo el tiempo,
Última atualização : 2026-09-27 Ler mais