Alejandro continuaba petrificado junto a su escritorio, sujetando el teléfono con los nudillos blancos por la presión, cuando la puerta de la oficina se abrió sin previo aviso. Diego entró a paso firme. Al ver el rostro pálido de su padre y la forma agitada en que respiraba, se detuvo un segundo antes de avanzar hasta quedar frente a él. —¿Qué te pasa, papá? —preguntó Diego, fijando la mirada en sus ojos—. Estás blanco. ¿Quién te acaba de llamar? Alejandro guardó torpemente el teléfono en el bolsillo de su saco y trató de recomponer la postura, bajando las manos para disimular el temblor. —Nadie importante, Diego —respondió con la voz ligeramente rasposa—. Asuntos del trabajo, nada de qué preocuparse. —No me mientas —sentenció Diego sin bajar el tono—. Llego y te encuentro helado, con la mano temblando. Es la misma mujer de ayer, ¿verdad? Te volvió a buscar. Alejandro apretó los labios, acorralado por la mirada perspicaz de su hijo. —Diego, te pedí que no te involucraras en es
Última atualização : 2026-10-07 Ler mais