La carta llegó un jueves por la mañana. No esperaba nada. Estaba sentada a la mesa de la cocina con su segundo café del día y el guion que preparaba para la semana siguiente, disfrutando de la particular tranquilidad de una mañana que transcurría sin problemas, cuando oyó que el correo entraba por la ranura de la puerta. No se levantó de inmediato. Terminó el párrafo que estaba leyendo, tomó nota al margen y luego se levantó y fue a la puerta. Había tres cosas en el felpudo: una factura, una tarjeta de su dentista y un sobre. El sobre estaba escrito a mano. Lo cogió. Observó la letra. La reconoció al instante, como se reconoce la letra de alguien que ha estado presente en tu vida durante años. No por cartas, ni por notas dejadas en la encimera de la cocina, ni por listas hechas y olvidadas. Era una letra que conocía tan bien que podría haberla reproducido de memoria. Se quedó en el pasillo con el sobre en la mano. Dejó la factura y la tarjeta del dentista sobre la encimera. Miró el so
Última atualização : 2026-09-17 Ler mais