La pregunta del juez se quedó suspendida en la sala como una piedra en el aire, y por un instante nadie respiró.Miré a Renato. Él me miró a mí. Y en ese cruce de miradas, sin palabras, sin ensayo previo, sin ninguna de las respuestas que habíamos practicado la noche anterior sobre la mesa del comedor, supe que ninguno de los dos iba a responder con una frase preparada.—Sí —dijo Renato, al fin, con la voz firme, sin apartar los ojos de los míos—. Seguiríamos casados.El juez esperó un momento, con la pluma suspendida sobre el papel, como si aguardara una segunda respuesta. Y entonces entendí que la pregunta no era solo para él. Era para los dos. Era, quizás, la única pregunta de toda esa mañana que no tenía ninguna trampa legal detrás.—Sí —dije yo, y mi voz salió más baja que la suya, pero no menos segura—. Sin ninguna condición legal de por medio.Clara, desde su asiento, no se movió. Pero yo la vi, con el rabo del ojo, cómo sus dedos se cerraban apenas sobre el borde de la carpeta
Last Updated : 2026-09-25 Read more