La noche en el hotel se había cerrado sobre nosotros como una sábana pesada, y yo seguía en el pasillo, con la espalda apoyada en la pared, sintiendo que el eco de las palabras de Renato todavía resonaba en mi pecho. "Si seguimos fingiendo, el juez lo notará". Esa frase se había clavado en mí como una aguja, y no sabía cómo sacarla. No había vuelto a entrar en la habitación, me había quedado allí, en el corredor vacío, con la decisión que llevaba semanas evitando y girándome en la cabeza.No sé cuánto tiempo pasó, solo sé que en algún momento, el teléfono vibró en mi bolso, era el abogado de Renato.—Señora Varela, ¿podría bajar al vestíbulo? Necesito hablar con usted y con su esposo.El corazón se me aceleró, ya no sabía si era bueno o malo, pero la voz del abogado sonaba más urgente de lo habitual. Bajé al vestíbulo con las piernas temblorosas, y allí estaba Renato, sentado en uno de los sillones, con el abogado frente a él.—¿Qué pasa? —pregunté, sentándome junto a Renato.El abog
Última actualización : 2026-08-27 Leer más