Pasaron tres días desde la conversación de la cocina, días de silencio y ausencias, Renato se había ido a la capital sin despedirse, y yo me quedé en la casa con Leo y ese eco extraño que dejaba a su paso.La primera mañana, me levanté esperando encontrarlo en la cocina, pero la mesa estaba vacía, la cafetera fría, y el único rastro de su paso era un vaso limpio en el escurridor, puesto con demasiado cuidado como para ser casualidad.Leo no hizo preguntas ese día, se sentó a desayunar conmigo, habló de sus dibujos, de la maestra. Yo asentía, sonreía, respondía lo justo, pero mi mente estaba en el pasillo, en la puerta que se cerraba.Al mediodía, el teléfono de la casa sonó, era la secretaria de Renato.—Señora Varela, le informo que el señor Varela estará fuera de la ciudad los próximos dos días, tiene reuniones en la capital.—¿Se ha ido ya?—Sí, salió esta mañana temprano.Colgué con la sensación de que me habían dado una noticia que dolía más al confirmarse, no se había despedido,
Última actualización : 2026-08-26 Leer más