El beso se rompió como se rompe un cristal, sin ruido, pero con un eco que se quedó vibrando en el aire. Cuando nuestros labios se separaron, el mundo volvió a aparecer a mi alrededor con una lentitud extraña, como si la realidad hubiera estado en pausa y ahora regresara en cámara lenta. El jardín, con su luz azulada del atardecer, los restos de la fiesta... todo estaba ahí, pero yo no podía verlo con claridad, porque la única imagen que tenía en la mente eran los ojos de Renato, oscuros y profundos, sosteniéndome la mirada como si acabara de descubrir algo que no sabía que estaba buscando.El fotógrafo, Iván, bajó su cámara con una sonrisa de satisfacción.—Esa es la foto, van a quedar increíbles.Renato asintió, pero no desvió la mirada de mí, yo tampoco pude apartarla. Fué un instante eterno, suspendido, en el que el resto del mundo se desvaneció y solo existimos nosotros dos, en ese jardín, con el calor de sus labios aún fresco en la piel.—Gracias —dijo Renato, y su voz sonó ronc
Última actualización : 2026-08-25 Leer más