Volvimos del hospital con Leo dormido en el asiento trasero, envuelto en la manta térmica que la enfermera nos había dado, y Peluso apretado contra su pecho como un guardián de peluche. La casa estaba oscura y silenciosa cuando entramos, y el único sonido era el de nuestros pasos en el pasillo mientras subíamos a su habitación.Lo acosté con cuidado, como si fuera un objeto de cristal, y le ajusté la sábana hasta la barbilla. Su respiración era más profunda que antes, pero todavía irregular, y su frente, aunque menos caliente, seguía tibia al tacto.—¿Crees que la fiebre va a volver? —preguntó Renato desde la puerta, con la voz baja, como si temiera despertarlo.—No lo sé, el médico dijo que podía repuntar, pero que si mantenemos la hidratación y vigilamos la temperatura, debería estar bien —Hice una pausa —Esta noche tendremos que turnarnos para controlarlo.Él asintió sin dudar, y por primera vez desde que lo conocía, no vi en su rostro ni una sombra de resistencia. Solo aceptación,
Última atualização : 2026-08-19 Ler mais