MANUELEl silencio de la madrugada en el penthouse siempre me había servido para ordenar mis pensamientos, pero esa noche la quietud se sentía distinta. Tenía a Johana dormida sobre mi pecho, con la respiración pausada y el cabello oscuro desordenado sobre las almohadas. Al mirarla en la penumbra, con su brazo rodeando mi cintura de forma inconsciente, sentí que se me erizaba la piel. La devoción que me provocaba esta mujer había desmantelado por completo mis antiguas defensas, transformándome en un hombre dispuesto a todo con tal de blindar su paz. Sin embargo, mi instinto, ese detector de riesgos que nunca fallaba en mis jornadas laborales, me mantenía con una sutil inquietud en la nuca. Tenía un presentimiento, algo se estaba moviendo en los puntos ciegos.A las siete de la mañana, mientras Johana seguía perdida en un descanso dulce y profundo en nuestra habitación, decidí vestirme y bajar al estudio del penthouse. Me coloqué un pantalón sastre y una camisa negra de algodón, descal
Última atualização : 2026-09-24 Ler mais