No tenía un antifaz, no me aferraba a la mano de Lorena, no había ni un solo traje que cubriera mi cuerpo, que envolviera mis susceptibles curvas, nadie me iba a salvar si salía al mundo de esa manera, vulnerable y con la libido alta, deseando las manos de un hombre que no quería mis caricias, anhelando la mirada ardiente y gélida de otro al que parecía enojar con mi propia existencia. No, no tenía nada de eso, ni siquiera la cabeza para evadir el peligro, aun así, me bajé del taxi en el que viajé hasta la discoteca de moda.Por suerte, el taxista me recomendó el lugar. Parecía lleno, pero el hombre mayor que no me observó con lujuria, sino como a su propia hija, es decir, con un cariño un tanto paternal, me dejó frente a las puertas.―Ya verás como te dejan entrar. Está mal que atraigan a los muchachos con mujeres atractivas, pero es una ventaja que te hará entrar en cuanto pises la acera ―aseguró risueño y negó con la cabeza, divertido.Tenía razón.En cuanto pagué la cuota del viaj
Última atualização : 2026-09-15 Ler mais