Giré el picaporte metálico, frío, y abrí lo suficiente para meter la cabeza.―Entra y siéntate.Tragué el nudo e hice caso. Me adelanté dos pasos y la puerta se cerró a mi espalda sin que pudiera detenerla. Mis manos en dos puños. Me deslicé por la alfombra negra que invadía el espacio e impidió que mis pisadas resonaran como lo hicieron en el parqué del pasillo.La oficina no era enorme, tenía algunas librerías al fondo, repletas de libros. El escritorio era de madera firme, café oscuro, muy oscuro, grande, magnánimo. Al lado derecho había una ventana de buen tamaño con la vista cortada por una cortina pesada de color azul, sobrio. Frente al escritorio, dos sillas sencillas y cómodas, negras, así como en la que estaba sentado, con la diferencia de que la suya era más parecida a un trono. Negra, de cuero, grande, pese a que, con su gran cuerpo cubriéndola por completo, no me pareció tan gigante como debía ser sin él encima.No levantó la vista de los papeles que leía con interés, conc
Última actualización : 2026-09-22 Leer más