Durante las dos semanas siguientes, Sebastián empezó a volver cada vez menos a casa.Siempre tenía algún motivo: el proyecto estaba en una etapa clave, tenía una cena con clientes, había algún compromiso del trabajo...Nunca lo llamé para preguntarle dónde estaba.Yo seguí empacando mis cosas.La casa estaba llena de recuerdos de todos esos años.Las suculentas que llevaba tres años cuidando en el balcón se las regalé, con macetas y todo, a la señora que hacía la limpieza del edificio.Los vestidos caros que Sebastián me había comprado y que apenas había usado los puse a la venta baratos en una aplicación de segunda mano.En el estudio, fui metiendo en cajas, uno por uno, los libros que habíamos leído juntos.Con cada cosa que sacaba, la casa se sentía un poco más vacía.Y, para mi sorpresa, yo también me sentía un poco más ligera.El viernes por la tarde, la empresa organizó una cena para celebrar que el proyecto había terminado con éxito.Yo había estado en la empresa desde sus prime
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