Crucé los brazos, irritado, y me quedé mirando su auto atravesar el portón de mi propiedad, yéndose como si no hubiera dejado una bomba en mi regazo. El polvo subió del camino, y el sonido del motor fue desapareciendo a lo lejos.—¡Eso mismo, desaparece, infeliz! —grité detrás del auto, la voz resonando en el terreno abierto.Giré el cuerpo, lleno de rabia, y sin pensar pateé la cerca de madera que estaba detrás de mí. El crujido fue tan fuerte como el dolor que subió por mi pierna. Abrí mucho los ojos, aguantándome la lengua para no maldecir alto. El dolor subió como una cuchilla, y sentí el pie pulsar dentro de la bota.—Coño, Rafael, eres un burro de verdad —dije para mí mismo, apretando el pie con la mano. Y, de repente, oí la voz de Sofia detrás de mí, riendo con aquel tono burlón de niña atrevida.Instintivamente, miré por encima del hombro. Allí estaba ella —mi pequeña golondrina— con la nariz roja por el frío, vistiendo solo un abrigo fino que apenas cubría el cuerpo. Parecía
Last Updated : 2026-10-30 Read more