Abrí los armarios, uno por uno, cajones también, hurgando todo con el ceño fruncido. Nevera, despensa, hasta el escurridor. Nada allí me era familiar. Mi lugar no era ese. Era el campo, cuidando mis tierras, montado en el tractor o cuidando el ganado. Pero, lo que mi golondrina no sabía —así como el resto del mundo— es que cuando quiero, dejo a cualquier cocinero en vergüenza. Solo que no es lo que escogí para la vida. Mi suelo es de tierra, no de azulejo.Tomé la leche y el chocolate con facilidad. La mano fue sola hasta la maicena, como siempre hacía. Algunos lo encuentran raro, pero a mí me gusta. Lo deja cremoso, espeso, como debe ser. Mezclé todo en la olla y encendí el fuego, moviendo con calma. El olor ya comenzaba a subir. Mientras se calentaba, volví a la nevera, saqué el queso, el jamón y fui montando los sándwiches con precisión. Puse dos en la sandwichera y los dejé allí, mientras terminaba el chocolate caliente.Fui hasta el armario y tomé los platos y dos tazas pesadas d
Last Updated : 2026-10-30 Read more