El suéter ajustado moldeaba su pequeño cuerpo y tenía los ojos entrecerrados por la concentración. Cuando me acerqué, la señora Amélia se levantó con una sonrisa amable y se dirigió por el pasillo, pidiendo permiso con un gesto de cabeza.Me quedé allí, de pie detrás de ella durante un instante. Mi corazón estaba tranquilo, pero mi piel ardía. Me incliné despacio y apoyé el rostro en su cuello, aspirando su aroma como si aquello pudiera limpiarme por dentro. Un olor dulce y cálido, mezclado con papel, tinta y un toque de flores secas.—Mmm... qué bien hueles, golondrina... —murmuré, con la voz ronca raspándome la garganta—. ¿Qué te parece si hoy nos calentamos debajo de las mantas? Hace un frío perfecto para eso... y tengo unas ganas tremendas de plantar esa mandioca que tanto te gusta.Ella giró la cabeza de golpe, con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta, como si acabara de soltar la mayor blasfemia de la faz de la Tierra. Y quizá así fuera, quién sabe. Pero, si era pecado,
Last Updated : 2026-11-01 Read more