Miré hacia la puerta de la sala y vi a uno de los capataces, pálido, apoyado en la pared, intentando respirar — tal vez fuera el hombre que debía haberse quedado conmigo. Subí las escaleras con Diogo, los pies pesados, el corazón doliendo, sintiendo cada escalón como si estuviera escalando el infierno de vuelta. Cuando llegamos a la habitación, él me miró. Su mirada era dura, pero respetuosa. Había algo allí... tal vez rabia, tal vez pena. Pero por encima de todo, había cuidado.— ¿Cómo supiste de él? ¿Dónde estabas, Diogo?— Es una larga historia, después cuento todo con más detalles... te vas a sorprender.Le di una leve sonrisa cansada, sin fuerza, y bajé la mirada hacia mis manos. El arma ya no estaba en ellas, pero el peso todavía estaba allí. Como si ella hubiera grabado su presencia en mi piel, en mi alma.— ¿Ibas a matarlo mismo? —Diogo preguntó con la voz baja, pero firme.— No sé... —mi voz salió en un hilo—. En el momento... yo quería. Juro que quería.— Qué bueno que llega
Last Updated : 2026-11-01 Read more