Sebastian entró en ella con una lentitud que era una forma de cuidado. Valentina sintió cada centímetro, sintió cómo la llenaba, cómo la estiraba, cómo la poseía de una forma que ninguna otra persona podría jamás. Cuando estuvo completamente dentro, se detuvo, su frente apoyada contra la de ella, sus respiraciones entrecortadas mezclándose.—¿Estás bien? —susurró él.—Sí —respondió ella, y era la verdad—. Pero hoy el ritmo lo pongo yo.Él sonrió. Una sonrisa real, que le arrugó las comisuras de los ojos, que le iluminó el rostro de una forma que Valentina no había visto nunca.—Como quieras.Y ella marcó el ritmo. Sus caderas se movieron bajo él, lentas al principio, deliberadas, cada embestida un estudio en placer y conexión. Sus mano
Last Updated : 2026-09-29 Read more