Entré a mi alcoba, pero no quería ir a la suya. Con tal de tenerme bajo su control, era capaz hasta de castigarme y obligarme a hacer algo que no quería. Los minutos pasaban y no podía hacer nada; de todos modos, si no iba, él vendría a buscarme. No podía huir aunque quisiera, no tengo a dónde ir, y además me tenía amenazada con hacerles daño a mis padres. No tenía más remedio que ir. Abrí la puerta de mi habitación, apreté las manos con fuerza y me encaminé a su alcoba. Me detuve antes de tocar, respiré hondo y me dije a mí misma: puede tener mi cuerpo, pero jamás mi alma. Toqué con dedos temblorosos y giré el pomo. Él estaba de pie junto a la ventana, de espaldas. —Ya estoy aquí, Damián —le dije. —Llegaste —dijo, tomando su copa de vino. —Tú me pediste que viniera. —Veo que te tomaste en serio que iría a buscarte. —¿Acaso no era cierto? —respondí con voz molesta. —Claro que sí, no estaba jugando. —Entonces aquí estoy. Terminemos con esto, necesito ir a descansar. —No haré
Dernière mise à jour : 2026-09-26 Read More