La noche pasó volando. En cuanto amaneció, me levanté apresurada; aún no había sonado el despertador y yo ya estaba lista. Mateo vendría por mí y tenía que estar preparada para no hacerlo esperar. En cuanto dieron las seis de la mañana, Mateo tocó la puerta de mi departamento. Sin dudar más, le abrí y me lancé a sus brazos. —Veo que me extrañaste mucho, cariño —me dijo Mateo abrazándome fuerte y dándome un beso en los labios. —Te extrañé mucho, Mateo… ¿y sabes algo? —A ver, dime, princesa. —Ayer no quería que te fueras; me quedé muy triste y sola. Lo abracé más fuerte y le puse una cara triste. Él me miró con ternura y se le dibujó una sonrisa. —Ay, pobrecita, se quedó solita —empezó a decirme con un puchero; se miraba tan tierno que quería comérmelo a besos. —No me hagas burla, no seas malo —le dije, dándole un pequeño golpe en el hombro. —Vámonos, cariño, ya es hora. —Sí, solo deja que vaya por mi chamarra. Entré rápido a mi habitación, tomé mi chamarra y cerré la puerta
Dernière mise à jour : 2026-11-05 Read More