—Tía Mía, ¿y si nadie quiere jugar conmigo?—Todos van a querer. Llevas la mochila del triceratops, eso es prestigio.Giorgio se rió. Frente a la puerta del salón, una joven de trenza larga y sonrisa fácil se agachó a su altura.—Tú debes ser Giorgio. Soy la maestra Elena. Hay un dinosaurio en la pared esperándote.—¿De verdad?—Es de cartón, pero es enorme.El niño soltó la mano de Mía y entró casi corriendo. Ni siquiera volteó.—Ya me olvidó —murmuró Mía, riéndose.—Los primeros días siempre son así —dijo la maestra—. Recuerde que solo usted o la señora Sofía pueden retirarlo.—Sí, me lo dijeron. Gracias.Mía se quedó un rato junto a la reja. Al final de la calle, un hombre con gorra revisaba su teléfono al lado de una camioneta gris. Cuando ella lo miró, él se dio la vuelta rápidamente.Mía frunció el ceño y esperó un par de segundos. El hombre no volvió a mirar hacia la escuela.«Estás paranoica, Mía. Franco te metió cosas en la cabeza», pensó con un suspiro, y se fue a la casa.D
Last Updated : 2026-10-01 Read more