Sofía no apartó la vista de Alexander. Sostuvo la mano de Giorgio con más fuerza, sintiendoel sudor frío en las palmas.—No voy a hablar de esto aquí —su voz sonó más firme de lo que esperaba.Alexander dio un paso hacia adelante, acortando la distancia entre ambos.—Entonces dime dónde y cuándo, Sofía, porque no pienso dejar las cosas así —replicó él,bajando el tono, aunque la exigencia seguía intacta—. Desapareces por seis años y ahorapretendes que actúe como si no pasara nada.En ese instante, el teléfono en el bolsillo del saco de Alexander comenzó a vibrar. Lo ignoróla primera vez, pero volvió a sonar casi de inmediato. Soltó una maldición entre dientes ymiró la pantalla con fastidio.Mamá.—Ahora no, madre —murmuró, desviando la llamada.El teléfono volvió a vibrar.—¿No vas a contestar? —preguntó Sofía, cruzándose de brazos mientras buscaba con lamirada una salida.—No. Esto es más importante —respondió él, guardando el aparato.Pero Victoria no parecía dispuesta a rendir
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-12 Mehr lesen