—Dante, mírame, por favor... soy yo. Soy Olivia.Las lágrimas, que había contenido durante tres agónicos días, finalmente se desbordaron, trazando surcos calientes sobre mis mejillas manchadas de sangre seca. Di un paso tembloroso hacia la cama, extendiendo la mano con la desesperada necesidad de tocarlo, de hacerle recordar.—Construimos un imperio juntos —sollocé, mi voz rompiéndose en cada sílaba—. Tú me salvaste. Te interpusiste en la trayectoria de esa bala por mí.La risa de Dante fue corta, seca y carente de cualquier rastro de humanidad. Sus ojos, fríos como el ónix, me escanearon de arriba abajo con un desprecio absoluto. No vio a la mujer por la que había estado dispuesto a quemar el mundo; vio a una extraña patética.—¿Yo, recibiendo una bala por una mujer? —el tono de su voz era un látigo impregnado de veneno—. No sé qué clase de juego enfermo intentas jugar, ni cómo convenciste a mi hermano de dejarte entrar aquí, pero te equivocaste de objetivo. No salvo a nadie. Y defin
آخر تحديث : 2026-10-01 اقرأ المزيد