El calor de su pecho contra mi mejilla era el único ancla que necesitaba en ese momento. El silencio en el ala médica era denso, cargado con el eco de la tormenta que acabábamos de desatar, pero entre los brazos de Dante, el mundo exterior había dejado de existir. Sus latidos resonaban contra mi oído, fuertes, constantes, el sonido de un hombre que había regresado del borde del abismo.Levanté el rostro para perderme en sus ojos ónix. Ya no había rastro de la niebla tóxica, ni de la frialdad implacable que me había destrozado días atrás. Solo quedaba él. Mi rey oscuro.—No tengo nada que perdonar, Dante —susurré, deslizando mis dedos por la nuca de su cuello, sintiendo la tensión acumulada en sus músculos—. Tu mente estaba envenenada, atrapada en una jaula que ella construyó, pero tu cuerpo... tu cuerpo recibió una bala por mí. Tu instinto masacró a esos mercenarios en el garaje para protegerme. Nunca me olvidaste.Dante cerró los ojos, soltando un suspiro tembloroso que pareció rasga
آخر تحديث : 2026-11-01 اقرأ المزيد