Se giró hacia la niña de las trenzas, que la miraba con los ojos abiertos como platos.—¿Me prestas tu caña? —pidió, con una voz suave.La niña asintió, sin decir palabra, y le tendió la caña. Faith la tomó, sintiendo su peso, su textura. Era una caña sencilla, de madera y sedal, pero bien hecha. Sonrió, recordando las tardes junto al arroyo de su abuela.—Lo primero —dijo, en voz alta, para que todos los niños la oyeran— es desenrollar el lío del sedal. No puede haber nudos. Si hay nudos, el pez lo nota. Y se va.Los niños se acercaron, curiosos, olvidando por un momento la burla y el conflicto. Faith desenrolló el sedal con cuidado, mostrándoles cómo hacerlo.—Luego —continuó— hay que buscar una buena carnada. Algo que huela bien. Algo que atraiga al pez. No vale cualquier cosa. Hay que pensar como un pez. ¿Qué le gustaría comer?Los más pequeños se apiñaron a su alrededor, con los ojos brillantes.—¿Qué usas tú? —preguntó uno de ellos, un niño de unos seis años con el pelo rizado.
最終更新日 : 2026-10-25 続きを読む