Nathaniel se detuvo, conteniendo el aliento mientras sentía cómo el cuerpo de Evelina se tensaba bajo él. No había mayor prueba de confianza que ese instante en que lo dejaba entrar en su mundo más íntimo.—Mírame… —susurró, acariciándole las mejillas húmedas—. Ya pasó lo peor, amor. Respira conmigo.Ella asintió, los labios temblorosos, aferrada a sus hombros. El ardor inicial la había sorprendido, pero más que dolor era la magnitud del momento lo que la hacía estremecer. Lo había elegido. Había decidido que sería él.Nathaniel besó sus lágrimas, paciente, y no se movió hasta sentir cómo la rigidez de su cuerpo empezaba a ceder. Sus manos recorrieron con ternura sus costados, sus muslos, hasta que Evelina suspiró, relajándose poco a poco.—Nathaniel… —murmuró, apenas audible.Ese susurro fue su permiso. Con lentitud infinita, comenzó a moverse dentro de ella. Evelina cerró los ojos, sintiendo el roce nuevo, extraño, pero no desagradable. Cada embestida era suave, casi reverente, y en
Dernière mise à jour : 2026-09-27 Read More