Justicia De PlataDespués de mi chequeo médico, estoy por salir de la enfermería de la manada, que se encuentra en el territorio de mi primo, cuando una sanadora toda maquillada me sujeta del brazo.
—¡Ni un paso más! ¿En serio crees que puedes romper algo en la enfermería e irte así como si nada? ¡Ni lo pienses!
Miro su cara desconocida y parpadeo, sintiéndome confundida.
—¿Qué fue lo que rompí?
Señaló los frascos de cristal de las repisas y arrugó la nariz con un gesto exagerado de asco.
—¡Apestas! Tu olor contaminó todas las pociones y ahora no sirven para nada. El Alfa Xander las compró carísimas; todo vale quinientos mil. También me tienes que pagar por el daño emocional que me causaste, que son otros doscientos.
—En total son setecientos mil. ¿Vas a pagar en efectivo o con tarjeta?
Mi olor es una mezcla de violetas y ámbar. Es distinguido y elegante, como un atardecer de invierno. Entiendo que no a todos les guste ese aroma, ¿pero cómo puede decir que es contaminación? ¡Por favor!
No entiendo por qué la enfermería en el territorio de Xander funciona como si fuera una red de extorsión.
Me río de puro coraje y le digo:
—Soy la prima del Alfa Xander. Yo no pago ni un centavo en su territorio. Si alguien tiene un problema con eso, que venga él y me lo diga a la cara.
Pero la sanadora solo puso los ojos en blanco.
—Ay, por favor. ¿Crees que con esos trucos tan baratos vas a llamar la atención de mi Alfa? ¡Ya quisieras! Si no pagas ahorita mismo, te voy a desnudar y te voy a aventar a la calle para que todos huelan lo asquerosa que eres.
No tiene idea de a quién está amenazando.
Respiro y me pongo en contacto con mi Beta.
—Dile a Xander que, o destierra a esta sanadora de la manada, o yo lo desterraré a él.