Me emociona mucho hablar de las novedades de Oceano en España. Recientemente, han lanzado una colección de libros que fusiona narrativa histórica con ilustraciones increíbles, perfecta para quienes amamos el arte y la literatura. «El jardín de las mariposas» es uno de los títulos que más destaca, con una prosa poética y una edición cuidada al detalle. También tienen una reedición de «El nombre del viento» con prólogo exclusivo y material adicional que hará las delicias de los fans de Patrick Rothfuss.
Otra novedad es su apuesta por autores españoles emergentes, como Laura Gallego, que presenta una trilogía fantástica ambientada en la península ibérica medieval. Oceano está demostrando un compromiso fuerte con la diversidad de géneros, desde thrillers hasta ciencia ficción, y su calidad de impresión sigue siendo impecable. Sin duda, su catálogo actual es un paraíso para los coleccionistas.
Me fascina pensar en el Pacífico como una autopista económica gigantesca que conecta continentes y culturas, y lo hago desde el recuerdo de viajes y mapas guardados en la memoria. Yo veo al Pacífico como el corazón del comercio entre Asia y las Américas: contenedores, buques portacontenedores y rutas que mueven mercancías esenciales todos los días. Eso genera actividad portuaria, empleos en logística y una maraña de proveedores que dependen del flujo marítimo.
También pienso en la pesca y la acuicultura: comunidades enteras viven de mares que proveen proteína, empleo y exportaciones. Las industrias extractivas y el turismo costero suman más capas económicas —desde el petróleo y el gas en ciertas cuencas hasta los minerales nodulares— aunque esos recursos vienen con grandes dilemas ambientales. Por último, el Pacífico regula climas que afectan cosechas y economía terrestre; fenómenos como El Niño pueden alterar los mercados de pescado y agricultura por temporadas.
En mi cabeza, la importancia económica del Pacífico es a la vez obvia y compleja: es motor de riqueza y fuente de tensiones sobre uso sostenible, y por eso merece políticas que equilibren beneficio y conservación.
Me sorprende lo gigante que se siente el Pacífico cuando lo ubico en un mapa; para mí ocupa casi todo el lado occidental de las Américas y se extiende hasta las costas orientales de Asia y Oceanía.
Si trazas una línea en un mapamundi verás que el océano Pacífico está entre la costa oeste de países como Chile, Perú, México, Estados Unidos y Canadá, y al otro lado está Japón, Filipinas, China, Indonesia y Australia. Casi atraviesa la línea del Ecuador y llega hacia el océano Ártico al norte y al océano Austral o glaciar al sur.
Me gusta imaginarme navegando por sus aguas: el Pacífico no solo es el mayor océano del planeta por superficie, sino que también guarda lugares extremos como la Fosa de las Marianas. En el mapa su presencia es inconfundible y su tamaño hace que parezca que todo lo demás está organizado alrededor de él, una sensación que siempre me deja pensando en lo diminutos que somos frente al mar.