Recuerdo aquellas viejas portadas con cariño: «Wildcat» apareció originalmente en las páginas de «Sensation
comics #1» en 1942, creado por Bill Finger e Irwin Hasen. Desde su introducción, Ted Grant se presentó como un boxeador profesional que usa sus puños tanto en el ring como en la calle para detener el
crimen; era el prototipo del héroe de «puño limpio» de la
edad de oro, práctico, directo y con una ética muy de barrio.
En las historias tempranas DC (o mejor dicho, All-
american Publications, que luego se fusionó con DC) lo posicionaron como un justiciero urbano: disfraz, máscara y guantes, alguien que no dependía de
superpoderes sino de habilidad y entrenamiento. Con los años se consolidó como miembro fundador de la «Justice Society of America», lo que lo convirtió en un pilar del legado heroico de DC.
Más adelante, su papel evolucionó: ya no era solo
el chico duro del ring, sino el veterano
mentor que enseñaba a generaciones más jóvenes. En mi colección personal se nota la transición de peleador solitario a figura de guía dentro de equipos, y eso le dio mucha más profundidad al personaje; un tipo endurecido por la vida que también sabe formar a otros, y eso siempre me ha conmovido.