Me resulta encantador que el autor se haya explayado sobre el diseño de «catghost», porque no es solo una decisión estética sino una mezcla de intención narrativa y recuerdos personales.
En varias entrevistas y en el artbook oficial contó que partió de la idea de su primer gato y de un recuerdo de infancia: un peluche
viejo que parecía desvanecerse en la
oscuridad del cuarto. Quiso capturar esa sensación de compañía tenue, algo que es a la vez cálido y un poco etéreo. Por eso la combinación de orejas felinas con la
silueta translúcida —no es capricho, es símbolo de memoria que persiste.
Además explicó detalles prácticos: la paleta de colores apagados para dar melancolía, las
patas incompletas para sugerir movilidad
entre dos mundos y los
ojos grandes como anclas
emocionales. Me gusta que dejara espacio a la interpretación, pero también ofreciera pistas concretas sobre por qué «catghost» luce así; eso hace que el personaje tenga más
alma y me conecte más con su historia.